EROTICAMENTE FEMENINA

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27.6.08

La masturbación


La masturbación, tanto la masculina como la femenina, es la estimulación de los órganos genitales con el objeto de obtención de placer sexual, pudiendo llegar o no al orgasmo. El verbo "masturbar" hace referencia a la práctica de la masturbación. Generalmente se entiende que se trata de una práctica sexual hacia uno mismo, aunque también se admite el uso del mismo verbo para la estimulación realizada sobre los genitales de otra persona con los mismos fines placenteros (como ocurre en la masturbación mutua).

La masturbación suele realizarse con las manos o mediante el frotamiento de los genitales contra algún objeto adecuado. Cada día es más común el uso de los llamados "juguetes sexuales" para obtener este tipo de excitación.

Masturbación mutua en una ilustración de Martin van Maële en La Grande Danse macabre des vifs, 1905

Se atribuye a Sigmund Freud el descubrimiento de que la masturbación es algo común en la infancia. Pero tiene en su contra haber creído y mantenido hasta una edad avanzada que la masturbación adulta era la causa de una de las formas de neurosis conocidas por aquel entonces bajo el nombre de neurastenia, equivalente en la actualidad a la llamada fibromialgia o fatiga crónica. Sin embargo, debemos más al conocimiento de la sexualidad humana en la actualidad a un coetáneo suyo: Havelock Ellis. Este autor no sólo señaló que la masturbación era común en los hombres, sino que también se trataba de una práctica habitual en las mujeres de todas las edades. Además de señalar que el orgasmo múltiple era un fenómeno frecuente entre ellas.

Hombres

Masturbación masculina por Édouard-Henri Avril, 1843

Existen variantes en la masturbación, esto depende de distintos factores y cada técnica de masturbación es individual. La mayoría de los hombres se masturban agarrando el pene con la mano, moviéndola de arriba hacia abajo o de atrás hacia adelante, según la postura del individuo. Otros, no utilizan toda la mano sino que agarran la zona del frenillo entre los dedos índice y medio, y el pulgar por el otro lado. Otra técnica es emplear las dos manos en el pene, otros sólo frotan su pene con una mano y con la otra se estimulan los testículos o pezones, entre otras partes del cuerpo.

Los hombres no circuncidados, no suelen necesitar el uso de lubricantes, porque el prepucio ya mitiga los efectos del roce directo por sí solo. Aunque los hay que los emplean para añadir sensaciones a su actividad. El uso de lubricantes es más frecuente entre los hombres que tienen su pene circuncidado, con el fin de facilitar el deslizamiento de la mano sobre el glande.

Existen artilugios mecánicos y eléctricos para que los hombres se masturben: muñecas hinchables, vaginas artificiales, bombas de vacío, etc. También pueden utilizar vibradores, concentrando su actividad sobre el frenillo.

Masturbación, de Gustav Klimt, 1913


Mujeres

La mayoría de las mujeres (98%) se masturba estimulando la zona del clítoris. Una cuarta parte de ellas suelen añadir también el estímulo vaginal introduciéndose sus dedos, consoladores o vibradores, para incrementar la sensación placentera. Pero el estímulo exclusivo de la vagina para masturbarse es un procedimiento extremadamente minoritario, a pesar de lo que muestran las películas pornográficas.

Las mujeres utilizan los dedos para masturbarse; estimulando el clítoris indirectamente al frotarlo a través del prepucio del clítoris, o menos frecuentemente estimulando directamente el glande del clítoris. Suelen lubricarse los dedos (sobre todo si estimulan directamente el glande del clítoris) bien introduciéndolos de vez en cuando en la vagina para extender su humedad al clítoris, bien mojándolos con su propia saliva.

La gran mayoría de las mujeres (73%) se masturban acostadas (o en el baño) y con las piernas abiertas, un 10% lo hace boca abajo y las piernas más juntas o muy juntas. La mitad de estas últimas no emplean los dedos para masturbarse, sino que se frotan contra una almohada, el rebujo de las sábanas o montando algún peluche.

El 3% de las mujeres se masturba en cualquier postura simplemente contrayendo los muslos. Otro 2% lo hace empleando el chorro de agua de la ducha o la bañera. Y existe un 2% más que lo hace sin manos, estimulándose sólo con fantasías.

A pesar de las numerosas técnicas existentes para masturbarse, la mayoría de las mujeres (71%) suelen serle fiel a una de ellas durante toda su vida.

El uso de dildos, vibradores y otros juguetes eróticos se está extendiendo cada vez más entre la población femenina. No resulta fácil saber cuántas los emplean. Pero las diferentes encuestas demuestran que entre una de cada cuatro y dos de cada tres mujeres, según los países, utilizan estos artilugios para sus juegos solitarios.

Extensión de la masturbación

Prácticamente toda la población sana se masturba desde edades tempranas hasta el final de su vida, si su salud se lo permite. Se han visto con ecografías a fetos de ambos sexos masturbándose en el seno materno.[2]

El análisis de las estadísticas arrojan como cifra probable de hombres que se masturban la del 92% ó 94%. Para las mujeres, los datos son más inseguros por la conocida inhibición femenina a la hora de reconocer esta práctica. Pero del estudio de las diferentes cifras manejadas por los investigadores, se sabe que se masturban entre el 85% y el 93% de las mujeres, en conjunto. Si el análisis se centra sólo en las mujeres orgásmicas (y lo es el 90% de la población femenina), se encuentra que se masturban entre el 91% y el 99% de ellas, prácticamente todas.

Afirmaciones populares acerca de la masturbación

"Los hombres se masturban más":

Suele afirmarse que los hombres se masturban con una frecuencia semanal que es el doble de veces la de las mujeres. Pero existen investigaciones que demuestran que los hombres mienten sistemáticamente en las encuestas sexuales exagerando la frecuencia con la que acuden al autoerotismo, mientras que las mujeres mienten en sentido contrario, minimizando la frecuencia (es típica la respuesta femenina de hacerlo una vez al mes). Si corregimos las afirmaciones de unos y otros, como han realizado algunas investigaciones serias, los datos tienden a converger: así, hombres y mujeres se masturban con una frecuencia similar.[1]


"Los hombres comienzan a masturbarse antes que las mujeres":

Tampoco es cierto que los hombres se inicien en la masturbación antes que las mujeres por tener un órgano sexual tan "evidente" y que tienen que tocarse a diario por razones fisiológicas e higiénicas.

Está demostrado[1] que hay más mujeres que hombres que se inician en la masturbación antes de los 10 años de edad. Lo hacen así entre el 20% y el 42% de las mujeres, al menos, y entre el 3% y el 13% de los hombres. También hay un 42% a 52% de mujeres que comienzan a hacerlo, como los hombres, durante la adolescencia. Por eso, las mujeres aprenden a masturbarse espontáneamente con mayor frecuencia que los hombres (lo hacen siendo más niñas y sin haber hablado con nadie del tema), quienes suelen iniciarse más tarde, tras hablar con sus compañeros o leer sobre el tema. (mujeres: entre el 57% y el 62%; hombres: 28%).

"Las personas dejan de masturbarse cuando inician relaciones sexuales":

Otra vieja idea, falsa, que se resiste a sucumbir. Lejos de lo que afirma el tópico, los hombres y las mujeres continúan masturbándose después de establecer relaciones de pareja. Incluso aunque tales relaciones sean satisfactorias, el 75% de los varones y el 75% al 91% de las señoras emparejados continúan haciéndolo.[1]

Se ha observado que mientras la frecuencia con la que los hombres emparejados acuden a la masturbación disminuye desde el momento que comienzan a tener relaciones sexuales y sigue descendiendo con el paso del tiempo, en las mujeres la frecuencia se mantiene igual o aumenta en la mayoría de los casos, sobre todo entre las que son más jóvenes. Esta idea contradice, igualmente, al tópico.

Las razones por la que la masturbación se mantiene entre personas emparejadas se explican más abajo.


"Quienes se masturban se aíslan socialmente":

No hay nada más incierto que eso.[1] La masturbación no produce aislamiento. Ya se ha comprobado que la mayoría de los seres humanos se masturban y tienen relaciones sexuales sin ser por eso seres aislados.

Lo que sí sucede es lo contrario. Es decir, las personas aisladas que no saben relacionarse con los demás, sólo pueden desarrollar una forma de satisfacción sexual: la masturbación. Pero no porque recurran a ella como consuelo. Se masturban como todos los demás, pero no son capaces de desarrollar la actividad sexual que apetece compartir con otras personas; porque no son capaces de relacionarse con esas personas.

Lo primero es el aislamiento y lo secundario que se masturben. No al revés.

Masturbación, salud y psicología

Tanto para evitar los embarazos no deseados como para evitar enfermedades de transmisión sexual, la masturbación es la práctica sexual más segura. No existe ninguna evidencia científica ni médica de que la masturbación manual dañe la salud física o mental: ni hace crecer pelos en la palma de la mano, ni encoge los genitales ni afecta al crecimiento (como pensaban generaciones anteriores). Sin embargo, las personas pueden experimentar sensaciones de culpa durante la masturbación o después de la misma si han sido sugestionados en su contra con anterioridad (ver "la masturbación a lo largo de la historia" más abajo).

La masturbación es la primera forma de expresión que tiene la sexualidad humana. Y, en según qué casos, suele ser también la última. En cualquier caso, es la forma en la que el individuo se identifica como ser sexual que es, aprendiendo por sí solo a calmar sus tensiones sexuales y las de otro tipo mediante el orgasmo que produce la masturbación. Eso le sirve para crear una esfera de privacidad en la que puede refugiarse cada vez que lo necesita.

Llegada la adolescencia, el interés sexual se hace más pujante y la capacidad fantaseadora se enriquece. Es el momento en el que los sujetos aprenden a proyectar sus fantasías sexuales en otros y comienzan a desear hacer partícipes de su sexualidad a los demás (sus parejas).

Por tal razón, la masturbación y las relaciones sexuales no son excluyentes entre sí, como se creía antes, sino complementarias. Satisfacen necesidades diferentes. Las relaciones sexuales satisfacen esa parte de la sexualidad individual que se desea compartir con los demás y la masturbación constituye el refugio que permite satisfacer otras necesidades de intimidad que cada cual se reserva para sí.

Nada de eso es patológico.

El 16 de julio de 2003, un equipo de investigación australiano, dirigido por Graham Giles de The Cancer Council, publicó un estudio médico y concluyó que la masturbación frecuente en los hombres puede ayudar a prevenir el desarrollo del cáncer de próstata, y que puede ser más efectivo que la eyaculación mediante el coito, porque no hay riesgo de contraer enfermedades de transmisión sexual, que incrementarían el riesgo de cáncer.

El informe, publicado por la revista "News Scientist", asegura que los hombres que eyaculan más de cinco veces a la semana entre los 20 y 30 años son un 30 por ciento menos propensos a desarrollar cáncer de próstata.

Se objeta que tales datos no dejan de ser meramente especulativos. Necesitarían mayor corroboración científica, y que se basen en un seguimiento regular de cientos de sujetos que escribieran un diario sexual. Puesto que está demostrado que los hombres refieren siempre masturbarse con mayor frecuencia de la real, es posible que la citada investigación, basada en los recuerdos de los sujetos estudiados, se encuentre sesgada por ese factor memoria.

Tradicionalmente se ha dicho que la masturbación ha producido toda suerte de daños, que la moderna sexología ha demostrado que son falsos. Conviene no caer en el lado opuesto y darle a la masturbación mayores beneficios de los que ya reporta como parte integrante de la sexualidad de las personas.

La masturbación a lo largo de la historia

Johann Nepomuk Geiger, témpera, 1840.


La medicina moderna reconoce que la masturbación no produce daños significativos a corto o largo plazo, y la considera una práctica normal, incluso antiestresante.

A lo largo de la historia, sin embargo, siempre hubo voces que gritaron que la masturbación era un acto inmoral. Y la base de tal criterio estaba en que la masturbación impedía que la especie humana se mantuviera viva sobre el planeta. Eso era evidente en el caso de la masturbación masculina por la emisión improductiva de semen. Y en el caso de la masturbación femenina también, pues, creían, si las mujeres se masturbaban podrían alejarse de los hombres por preferir autocomplacerse.

No fue hasta el siglo XVIII que al supuesto "daño moral" que ocasionaba la masturbación se añadió el "daño físico" y comenzó a decirse que la masturbación, además de condenar las almas, ocasionaba un número increíble de enfermedades. Se idearon muchos métodos para descubrir a los niños y niñas masturbadores, y se crearon numerosos remedios contra la masturbación. Algunos de ellos era: comer regularmente copos de maíz (lo dijo el médico apellidado Kellogg, dueño de la famosa marca), guantes ásperos, aparatos especiales que impedían acceder a los genitales, descargas eléctricas, tratar los genitales con ortigas, o extirparlos quirúrgicamente.

En décadas posteriores, el terrorismo psicológico reemplazó a las otras medidas. Por ejemplo, se decía a los niños que si se masturbaban les crecerían pelos en las manos, la cara se le volvería verde, se les secaría el pene o el clítoris, se volverían locos, les saldrían granos en la cara... En los EE. UU. y otros países angloparlantes, se comenzó a practicar de forma rutinaria la circuncisión neonatal debido a un supuesto efecto preventivo contra la masturbación y la clitoridectomía a las chicas que eran descubiertas haciéndolo. Esta última se abandonó bien entrada la década de 1930, pero la circuncisión neonatal de los varones se sigue practicando (con poco éxito, dada la gran extensión de la masturbación).

Está demostrado científicamente que la masturbación es algo natural sin efectos negativos.


26.6.08

La masturbación

Parece mentira que en pleno siglo XXI, cuando, en teoría, estamos tan “liberadas” y “liberados”, sigamos encontrando tantos prejuicios e ideas erróneas con respecto a la masturbación femenina. Vamos a dedicar, por ello, unas líneas a hablar de esta práctica.

Muchas mujeres se encuentran preocupadas porque no llegan al orgasmo en sus relaciones eróticas. Indagando un poquito más en la situación se suele descubrir que lo que ocurre realmente es que no consiguen alcanzar orgasmos durante el coito con su compañero, pero sí lo logran mediante la masturbación (en solitario o en compañía) u otras prácticas como el sexo oral. Las féminas pueden fácilmente llegar al orgasmo por la masturbación pero, dada la concepción coitocéntrica de la sociedad actual, a muchas parejas no se les ha ocurrido siquiera intentar que ella llegue al orgasmo mediante alguna relación erótica que no fuera el coito.

Parece mentira que todavía tengamos que volver a un tema que los especialistas han descubierto hace tanto tiempo: que el coito por sí solo (la fricción del pene en la vagina) resulta un estímulo insuficiente para la obtención del orgasmo en la mayoría de las mujeres. Esto no quiere decir en absoluto que las mujeres “sean más lentas” o “estén menos preparadas para disfrutar”. Las mujeres tienen la misma capacidad para disfrutar que los hombres y también para tener orgasmos, pero los tienen más fácilmente con masturbación, con caricias en el clítoris, o con sexo oral, que con coito.

¿Por qué? Pues porque la estimulación del clítoris es sumamente importante en la obtención del placer y orgasmo femeninos. Igual que para la mayoría de los hombres la estimulación del pene suele tener importancia en la obtención de orgasmos. El problema es que en muchas ocasiones durante el coito se estimula el pene pero no se estimula el clítoris, ya que el glande del clítoris se encuentra fuera de la entrada vaginal.

Hay parejas que durante el coito también estimulan el clítoris femenino: mientras realizan el coito, él acaricia con su mano el clítoris de ella, o ella misma se acaricia el clítoris mientras realizan el coito. A veces, algunas mujeres estimulan su clítoris frotando su pubis con el pubis de él, y tienen orgasmo durante el coito, pero no debido al coito, sino que lo tienen porque se están frotando el clítoris con el pubis de él (típicamente, estas mujeres tienen más facilidad para tener su orgasmo, si se sitúan ellas encima del hombre en el coito, y así controlan los movimientos de su clítoris contra el pubis de él). Es importante decir que sin el pene del varón en la vagina, si ellas hicieran los mismos movimientos de frotamiento contra el pubis de él, tendrían el orgasmo igual en la mayoría de los casos.

En definitiva, cuando las mujeres tienen un orgasmo durante el coito, en la mayoría de los casos no se debe al estímulo del varón en su vagina, sino a que se están estimulando de forma directa o indirecta el glande del clítoris. Según los estudios de Shere Hite (Informe Hite sobre Sexualidad Femenina), el 70% de las mujeres no tienen orgasmos durante el coito, aunque la mayoría pueden tenerlo fácilmente con otro tipo de relaciones eróticas (masturbación manual, masturbación oral, caricias en el clítoris…).

El 30% de las mujeres que tienen orgasmos durante el coito, lo tienen en la inmensa mayoría de los casos, por estimulación directa o indirecta del clítoris, no por la penetración en sí. Por tanto, el que una mujer no alcance el orgasmo durante el coito no significa que tenga algún trastorno, ni que sea “anormal” o “esté mal hecha”, sino que tal vez no reciba la estimulación que necesita.

Ignorancia y pornografía

Es tal la ignorancia sobre la masturbación femenina, y sobre la anatomía erógena de las mujeres, que a veces se usa la expresión “hacerse un dedo” para hablar de la masturbación en la mujer, cuando la inmensa mayoría de las mujeres no se masturba metiendo nada en su vagina (ni un dedo, ni un sustituto del pene, ni ningún tipo de objeto). La mayoría de las mujeres cuando se masturba hace simplemente lo que más placer le da: estimular el glande del clítoris, que por cierto, no está precisamente en la vagina.

Si esto es lo que hacen las mujeres cuando están solas para darse placer, ¿por qué ha de suponerse que en pareja van a disfrutar necesariamente más de la estimulación en su vagina? Todo esto, teniendo en cuenta que es posible aunar estimulaciones. La vagina, el clítoris y el conjunto de la vulva no es algo parcelado, puede estimularse conjuntamente.

La pornografía muestra frecuentemente a mujeres que se masturban metiendo algo en su vagina, y esto hace pensar a muchos hombres que esa es la práctica preferida de las mujeres (nada más lejos de la realidad).

La importancia de la masturbación

También hay muchas mujeres que tienen dificultades para alcanzar el orgasmo durante el coito, y tampoco han intentado nunca masturbarse.

Es importante que la mujer aprenda a conocer su propio cuerpo, sus genitales, que se observe en un espejo frecuentemente los mismos (los genitales femeninos son muy hermosos y limpios), que dedique tiempo a acariciarse a sí misma, a mimar tu cuerpo sin castigarlo con dietas estrictas o comparaciones con modelos de belleza irreales... y esto, de paso, supondrá la liberación para muchos hombres, que se sienten responsables de un placer que ni ella misma sabe cómo producirse.

Las mujeres que no se han masturbado nunca, pueden probar a hacerlo. Tienen de esta forma la posibilidad de descubrir las zonas que le produce mayor placer tocar, recorriendo toda su piel con sus manos, sus ojos, su olfato, explorando y reconociendo las diferentes partes, y aplicando caricias suaves y rítmicas en las zonas de mayor sensibilidad al tiempo que dan rienda suelta a su imaginación...

Si una mujer aprende la forma de darse placer a sí misma (dónde tocarse, con qué ritmo, qué fantasía utilizar...) puede usar estos conocimientos para disfrutar en la relación erótica con su compañero o compañera, enseñándole cómo y de qué forma acariciarle, jugando con la masturbación en pareja... y también puede usar estos conocimientos para disfrutar en solitario, cuando lo desee.

Si a pesar de intentar todo esto, la mujer sigue teniendo dudas o continúa la ausencia de orgasmos, una la visita a un sexólogo/sexóloga puede ser una buena idea.

Miedos y sentimiento de culpa

Lo cierto es que en nuestra cultura durante mucho tiempo se ha hablado de la masturbación en términos bastante negativos, especialmente de la femenina, que se ha castigado duramente. Entre otras cosas, se decía que la masturbación en los muchachos (en las muchachas se daba por sentado que no existía) producía terribles males como los siguientes: se te seca la médula, te quedas ciego, te salen granos, no creces, te quedas sin energía, se te acaba el esperma, etcétera...

Por supuesto, todo esto es falso. La masturbación no causa problemas físicos ni psíquicos. Ni en el hombre ni por supuesto en la mujer. Y tampoco perjudica a la relación de pareja, sino más bien lo contrario.

Los únicos problemas que puede causar la masturbación son los derivados de los sentimientos de culpa que muchas veces van asociados a la misma, y que son producto de la educación que en muchos casos se ha recibido, en la que la sexualidad es vista como algo sucio, vergonzoso y condenable, que únicamente tiene sentido si lo "usamos" para tener hijos o hijas. Especialmente en las mujeres.

La masturbación no sólo no produce efectos negativos sino que tiene muchos beneficios: relaja, es una forma de liberar tensión, gozar, experimentar con el propio cuerpo, y supone un buen entrenamiento a la hora de conocer la forma de obtener placer y orgasmos. La masturbación (femenina y masculina) en muchos casos resulta beneficiosa para la vida erótica en pareja, ya que permite conocer el propio cuerpo, y saber cómo obtener orgasmos y placer.

*María Victoria Ramírez es psicóloga y sexóloga.